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martes, 11 de septiembre de 2012

Luz en la oscuridad.

 Ya no podía acordarme de la última vez que mis nervios por ver a alguien conseguían hacerme temblar. Se acostumbraron a él. Se centraron exclusivamente en verle a él. Pero después de todo un año de palabras y sentimientos estancados en barro, puedo mirar de frente sin que una lágrima me tape la visión emborronándolo todo. Parpadeé lo suficiente para que no quedaran restos, y así, sin darme cuenta, tú has aparecido después de doce meses escondido tras una amistad que, a su vez, escondía tus ganas.
Y me llevaste a aquel lugar pasando por las mismas calles, logrando que en lo último que se me ocurriera pensar fuera en él. Y me veía, aniñada, en tus ojos brillantes por el reflejo de las luces de la noche madrileña. Y con la misma luz con la que me mirabas, me regalaste sonrisas tímidas y me hacías pensar que la oscuridad que me había perseguido por su culpa, se había convertido en la claridad que me has ido ofreciendo todos estos muchos días. 


Gracias por hacer que lo haya conseguido.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Retorno

En un mundo en el que el fuego quema y el hielo enfría no puedo estar yo. Tú, subiendo mi temperatura poco a poco con momentos que paran relojes y con sonrisas, creamos nuevos recuerdos sobre los recuerdos anteriores. "¿Te acuerdas...?" Me repites una y otra vez, como si el estar en nuestro lugar te hiciera quererme todo lo que no me has querido durante el resto de este corto año. "Me acuerdo", te digo cada vez que me preguntas. Me acuerdo de todo, incluso más de lo que debería. Y mi corazón, día tras día contigo, recoge todo el calor que desprenden las miradas que me regalas.
Esta vez parecía diferente. No creía creer que tu empeño por incendiarlo todo con palabras bonitas y roces buscados que parecían no estar hechos adrede volverían a congelarse justo en el momento en el que todo ardía con fuerza. Pero me congelo en pleno agosto, desde los pies hasta el punto más profundo de mí al que conseguiste llegar sólo tú. Y ahora vuelves a desaparecer dejándome sola para apagar todo este fuego, con lágrimas que no hacen más que arder, y arder...


jueves, 24 de mayo de 2012

Deseo.

Dejé que la noche me contara lo que me quería contar con ojos brillantes y delatadores. Traicioneros, si quieres. Lloraba, mientras, estrellas que decía llamarlas fugaces y me prometió que si cerraba fuerte los ojos y pensaba en un deseo, tarde o temprano se encargaría de cumplirlo para mí. No pude evitar pensar en cada vez que le hemos dado sentido a la palabra deseo con respiraciones arrítmicas y pupilas pegadas con velcro. Quizá porque el veinticuatro rondaba mi cabeza. Quizá porque creo en la magia cada vez que nuestros brazos se rozan. O quizá porque siento que cuando decido despedirme de todos tus imanes, tú te encargas de recordar cada primera vez y de que todo comience de nuevo.
Calla y siéntelo.

viernes, 20 de abril de 2012

Saboreándote de nuevo.




Desayunábamos después de una noche diferente. Nos mirábamos callados por encima de las tazas al beber pequeños sorbos y mojábamos recuerdos en el Cola-cao mientras tus pupilas no se despegaban de las mías más que para mirar de reojo aquel sofá que, horas antes, había sido nuestro cómplice. En silencio nos ofreció un hueco en las horas más oscuras, mientras todo lo demás dormía a nuestro alrededor. 






Movías la cucharilla siguiendo ritmos diferentes, queriendo decirme algo a través de un lenguaje inventado que logré entender sin problemas. Me recordabas cada caricia que la noche nos había dado y me contabas cuando aprovechabas cada pestañeo de los demás para dedicarme incontables sonrisas. Cuando nadie miraba. Entonces miré a la manta que nos ayudó a mantener el secreto de cada beso que me diste, y me guiñó para recordarme que hay veces que los sueños se cumplen, aunque duren un día.




domingo, 25 de marzo de 2012

Vuelves a sonreírme

07:58 A.M

"Te tengo delante , a tan sólo 2 metros de este escrito, mirando pero sin estar deacuerdo con el tiempo que marca el reloj, que, celoso, nos ha querido quitar momentos de lo poco que está durando esta noche en vela. Compartiendo contigo miradas que aún me avisan de que a tus ojos les gusta estar pendientes de mis movimientos, de mis muecas con cada uno de tus gestos y palabras, buscando mi sonrisa como el respaldo en el que apoyarte. Y, aunque no como hubiera deseado, estamos juntos bajo el mismo techo que nos vio enamorarnos. 
No paro de mirarte y ver cómo la luz del día va apareciendo despacio, y aún me resulta increíble poder compartir las horas que no pudimos compartir cuando todo iba tan bien. Te tengo enfrente, te huelo mientras escribo todo esto sin que tú siquiera lo imagines. Te oigo, te deseo más que nunca, desde la distancia que, en ocasiones, tus ojos se empeñan en desmentir.
Date cuenta de que nadie te va a mirar como yo lo hago. Para nadie serás su único como, a día de hoy, lo sigues siendo para mí. Y no, no dormiré esta noche. No desaprovecharé ni un segundo pestañeando si me pierdo tu sonrisa, los escalofríos que siento cuando me miras y me dedicas esa mueca agradable que antes tanto me hacía llorar por su ausencia, no quería perderme tu especial capacidad de enamorarme cada vez que te tengo enfrente, como ahora, como esta noche de nuestro veinticuatro..."


08:24 A.M


"...en la que, por primera vez, te he visto dormir lo cerca que me gustaría estar a todas horas de ti. Sin usar imaginación, sólo abriendo los ojos para ver que, esta vez en la realidad, te he visto soñando a mi lado. Y mis ojos, después de que mi cabeza se ladeara hacia ti, han podido pegar sus párpados con tranquilidad al saber que, aunque no por mucho tiempo, has dormido a mi lado."

lunes, 12 de marzo de 2012

Atisbo de verano.

Ella sentía con los ojos cerrados cómo el sol calentaba lo poco que quedaba de la sonrisa del verano, cómo los rayos se colaban en su piel con timidez e inyectaban una dosis de energía necesaria. Miraba las pocas nubes que al atardecer se volvían del mismo tono rojizo que el de su cara, y recordaba cómo el sol coloreaba sus mejillas rosadas meses atrás y ella lo aprovechaba para esconder su rubor con cada mirada encontrada. Olía a verano en pleno mes de marzo. Escuchaba a los grillos que cada noche les cantaban y que vieron cómo los dos  aprendieron a necesitarse. Y ella, sentada en el mismo sitio, tomando el mismo sol, recordaba cómo esos locos enamorados no eran conscientes del mundo exterior 
Pensaban que eso de ser los últimos en verse cada noche y los primeros en encontrarse cada mañana no iba a acabar nunca. Creían que el verano duraría para siempre, que el frío y la distancia no llegarían para aquellos dos locos enamorados...


martes, 6 de marzo de 2012

¿Des?Conocidos

Las ganas de llorar terminaron por desbancar a la sonrisa que me pinto cada vez que te veo. Una sonrisa falsa que intenta enmascarar cada lágrima que se pierde en el suelo que pisamos una y otra vez agarrados de la mano. Miro hacia atrás y lo único que veo son esas lágrimas simulando las migas de pan que marcan el camino por donde se pasa para no perderse. Me recuerdan el principio de todo mientras escucho el eco de nuestras carcajadas, y el final que parece no acabar nunca hace que ese eco se convierta en un silencio más que dañino.
Como dañino es darse cuenta de que la confianza desaparece entre dos personas que han sido piezas clave la una para el otro. Que nos da vergüenza mirarnos a los ojos más de un segundo. Que no sabes qué decirme al verme y que no sé dejar de ponerme a temblar al mirar tus lunares. Igual de doloroso que no saber qué piensas cuando me miras, cuando escuchas mi nombre, o si hay algo que te recuerde a mí. El no saber con quién sueñas cuando yo sueño contigo. Duele. Duele vernos como dos desconocidos. Incluso dudo si todo fue real o fue un sueño que sólo he vivido yo.
Dueles. Dueles mucho.
Duele dibujarme la sonrisa para aparentar la misma felicidad que respiraba cuando eras tú quien la dibujaba. 

lunes, 13 de febrero de 2012

Doce.

Llega un momento en el que no sé si alegrarme al verte o no hacerlo. Me encuentro entre el mundo de la alegría y la preocupación del "después". Atrapada entre medias sin una mano que me ayude a quedarme en uno de los dos. Sé que me alegro. Mucho. De hecho te busco siempre que puedo, pero tú nunca apareces en ese sitio al que una vez bautizamos como nuestro. Pero te miro y cada pared de ese lugar me grita en forma de un eco ensordecedor nuestras carcajadas de aquel verano. Una tras otra y sin repetir ninguna, ya ves, hubo tantas. Cada baldosa, cada espacio de tierra y cada pedacito de calzada por el que pasamos una y otra vez, ahora me pisan y me hacen daño. Consigo Intento autoconvencerme de que me hace bien no verte, pero en ese lugar, si tu sonrisa no está, los recuerdos vienen a por mí y me machacan en un día doce como el de ayer. Y parece que es cierto que cuando dejas de buscar, las cosas aparecen solas. Ahora, que prefiero no verte aunque lo esté deseando, volveremos a ese mismo lugar, volveré a escucharte respirar mientras duermes y me quedaré despierta para verte soñar, aunque no sea conmigo.

domingo, 5 de febrero de 2012

Juegas

Para. Deja de convertirte en algo abstracto que se mete en mi cabeza cada vez que cierro los ojos después de una noche en la que cae una lágrima por recuerdo. No sigas despertándome poniendo nuestra canción en la radio. Déjalo ya. Deja de escribir tu nombre en cada pared de la calle, en todo lugar al que miro. No sigas apareciendo en el momento justo ni me recuerdes las horas que llevamos sin hablar. Una semana. Sin vernos. Un mes. Sin besarnos y reírnos al mismo tiempo. Sin ser felices juntos. Una eternidad. Intento desaparecer, evitar verte, quererte, evitar hablar contigo, y quitarme del medio me hace darme cuenta de lo mucho que te necesito y de lo mucho que no te importo. De ver que tu preocupación por mí es nula , y que mi capacidad de mostrar indiferencia por ti también lo es. Y que este juego parece no acabar, desaparezca o no, actúe como tu amiga o no. Te quiero, hasta que el game over me avise de lo contrario.


Sigues abrazándome en la distancia aunque tú no lo sepas.

jueves, 26 de enero de 2012

Confundiendo sueños con realidades.

Esta noche mis pesados párpados han querido despertarme en las horas en las que duermen hasta los sueños. Mis ojos se han entreabierto arrastrados por la gravedad de cada una de mis pestañas, y, medio inconsciente, te he visto tumbado a mi lado. Sin más gesto que una sonrisa inmóvil. Sin más movimiento que el de tu pecho al recoger el aire que yo soltaba. Mi aire, el tuyo, como antes. He mirado tus ojos, que no parpadeaban. He vuelto a ver tus lunares, a escuchar tu silencio, a pegar mi nariz con la tuya, y entonces, sólo cuando te he sentido, mis ojos se han cerrado con la mejor de las sensaciones. Pero ha amanecido, he despertado a mis párpados, y a mi lado lo único que había era una almohada con la forma de tu perfil grabada, en la que he podido leer que los sueños, a veces, siguen cuando no estoy dormida.

Parece que mi almohada también sueña contigo...

jueves, 19 de enero de 2012

Alimentú

Hoy mis ganas me sirven mi plato diario de recuerdos. Sonrisas con cada cucharada que contiene un beso por cada paso que dábamos. Mastico bien cada te quiero y saboreo muy bien el principio esperanzador que decía que estar mejor era científicamente imposible. Mirada perdida con cada trago, cada vez que tus caricias atraviesan mi garganta recordándome cuando ellas mismas paseaban por mi cuello. Mi plato diario de recuerdos, condimentado con confianza, tus abrazos y tus besos, calles de Madrid y una pizca de verano. Mi plato favorito. Nuestros recuerdos y lo que hace que seas mi razón para todo. El plato que como cada día y que me repite a todas horas. Los besos que me dabas cada hora y los abrazos que necesito cada segundo. Tu recuerdo que me alimenta siempre y tú, que no llegas nunca.

Alimentándome de recuerdos ya que no queda presente en la nevera.

lunes, 16 de enero de 2012

Tú.

Como cuando me quedo embobada mirando fijamente una mota de polvo alumbrada por mi flexo con violencia. Cómo vuela y se deja caer por la atmósfera de mi pequeño mundo. Rodeada de silencio, tan pequeña. Hipnotizadora. Con el poder de hacerme ver que las cosas pequeñas pueden hacer que mi alrededor se vuelva borroso y que eso, de tan poco tamaño, se convierta en el centro de mi mundo. Como las palabras que disparas por tu boca sin que pasen por tu cabeza previamente, pensando que no hay consecuencias, creyendo que todo es dejarse llevar sin dejar secuelas. Y, como cuando me quedo embobada mirando fijamente una mota de polvo volar silenciosa por mi habitación, tus palabras consiguen hipnotizarme e, irremediablemente, se convierten en el centro de mi mundo.

Tú eres la mota de polvo que no puedo quiero limpiar.



sábado, 7 de enero de 2012

Te quiero.

Despertar sin haber dormido. Después de una noche de miradas, bailes, celos, sonrisas y llena de contacto físico. De hablar sin voz separados por un pasillo, de ganas de sentirnos que sólo se quedaron en ganas y de dar vueltas entre las cuatro paredes que nos vieron jugar entre las sábanas que me arropaban, esta vez a mí sola. Todo seguía igual, la misma manta, las mismas ganas, pero faltabas tú a mi lado y tus manos rozando mi espalda. Tu respiración al otro lado del pasillo me advertía que estabas allí, haciéndote notar, y esperé durante horas a que despertaras en mitad de la madrugada y aparecieras en la puerta para verme dormir sin lograr hacerlo. Esperé con los ojos abiertos a que la luz entrara por la ventana, para que el hecho de que la puerta de tu habitación estuviera a dos metros de donde yo dormía no pudiese ser un sueño del que me despertaría horas después. Era verdad, todo tan de verdad. Durmiendo bajo el mismo techo, separados por una puerta, rodeada de tus cosas, tus fotos, tu casa. Y me levanté de la cama y no había regalo para mí debajo de tu árbol de navidad. Entonces te vi salir de la habitación, con tu pijama, con tu sonrisa y con la misma carita de dormido con la que te desperté una vez hace dos meses, y supe que tú eras mi regalo de reyes sin envolver. Tú y la mañana que siempre había soñado, sentados en el sofá, arropados con una manta, y dejando que las ganas por fin dejaran de quedarse sólo en ganas y se convirtieran en caricias, cosquillas y miradas en las que logré leer un sí.
El mejor regalo del mundo.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Echar de menos.

Ahora serás tú quien espere.
Observo sentada en un banco la gente que pasa a mi alrededor, escondida tras un periódico vagabundo que alguien abandonó en ese mismo asiento. Me sonríe al notar que sus letras vuelven a ser leídas y se siente útil en mis manos, aunque sólo sea como escondite. Como escusa para hacer ver que estoy ocupada mientras lo único que hago es pensar en ti y en nosotros. En esconderme contigo debajo de tus sábanas y que nadie sepa dónde estamos. Quedarnos allí durante horas creando un hogar de paredes hechas con mantas. Sin necesidad de luz para dejarle el protagonismo al sentido del tacto, del roce y de los escalofríos que me provocan tus caricias, tus besos y el sentirte tan cerca de mí como antes. Cuando no importaba el cuándo y el dónde. Cuando sólo importaba que fuese yo la que estuviese contigo y mi mano la que se amarrara a la tuya con fuerza para que no me soltaras como lo hiciste después. Y después del después echas de menos mis besos y el sonido de mi risa y parece que nuestro escondite hecho de sábanas te recuerda que allí falto yo. 
Me levanto bruscamente y dejo el periódico donde lo encontré, pensando que soy la primera que sabe que lo que más quiero en este momento es perderme contigo entre nuestras mantas y jugar a reír hasta que el tiempo nos desprecie, pero siempre teniendo en cuenta que, esta vez, tengo unos ojos abiertos que no permitirán que vuelvas a hacerme sufrir.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Veinticuatro.

 ¿No te pasa que hay días de los que no esperas nada, y al final resultan ser especiales? Es verdad que cuando te levantas de la cama nunca sabes cómo acabará el día, pero siempre tienes una ligera idea de lo que harás, de a quién verás. Yo me refiero a que hay días en los que, especialmente, crees saber que no ocurrirá nada que los haga especiales, y...no acaban siendo así. Yo creía que sería un domingo cualquiera. Familiar. Nostálgico al saber que volvería al sitio que nos vio mirarnos como lo hacíamos. Donde todo empezó. De donde nunca deberíamos haber salido para quedarnos juntos siempre. Y la ventanilla del coche lloraba conmigo al pasar por allí y saber que no estarías. Que ya nada era como era en un pasado cercano. Pero allí estabas y mis piernas dejaron de responder. Y siguieron sin hacerlo cuando tu saludo, lleno de frialdad, me hizo sentirme el ser más pequeño e insignificante del planeta. Y de creer que no te vería, que sería un día de recuerdos con mi mente y yo a solas, pasé a creer que sería una tarde de recuerdos entre tus ojos fríos y los míos. A creer que no saldrían palabras de tu boca que fueran dedicadas a mis oídos, y que tu indiferencia hacia mí seguiría siendo la única relación que nos uniría. Pero también me equivoqué. De repente cambió todo. Te acercabas como si nada hubiera pasado y como yo llevaba pidiéndote desde aquel día en el que cambiaste mis esquemas drásticamente. Y me diste la normalidad que necesitaba. Y vinieron las sonrisas de complicidad, los gestos de confianza y las bromas que me decían que tú habías vuelto a ser . Y de ser el ser más pequeño e insignificante del planeta, pasé a tener la sonrisa más radiante del mundo gracias a la normalidad que esta vez, sí era normal.
Te quiero, un día veinticuatro como hoy.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Reencuentro.

El espacio se paró pero el tiempo seguía en marcha, aunque despacio. Nada se movía. Nadie, a mis ojos, parecía tener intención de moverse. Tú me esperabas al final del salón, o esperabas no verme, y yo andaba con pasos lentos que querían correr y pararse sólo cuando mis zapatos se besasen con los tuyos. Y quería pararme frente a ti y que el tiempo nos diese un poco de tregua por todos los momentos pasados y los que tanta pena me da no pasar. Y mis ojos te abrazaron y mis mejillas se pusieron nerviosas cuando, muy despacio, se pegaron a las tuyas y lanzaron dos besos al aire. Me quedé quieta, con la cara pegada a tu mejilla, oliendo con los ojos cerrados la colonia que tantas veces me he tragado a base de besos en tu cuello. Un mes después de la última vez, tus ojos me miraron aunque fueran tres segundos. O quizá algo más. Bastante más. Porque, aunque intentabas aparentar normalidad de la manera mas anormal posible, cada uno de los rincones de la casa nos recordaba sonrisas y besos y caricias escondidas en una manta. Y resulta que estuviste más pendiente de mí de lo que yo creía. De lo que querías aparentar. Esa normalidad lo más anormal posible. Y entonces pasó, que cuando nuestras mejillas se separaron después de haber estado tres meses ensayando entre risas cómo darnos dos besos sin que la tentación de nuestras bocas fuera superior, el espacio volvió a vivir, el ruido volvió a sonar y la gente empezó a moverse. Y el tiempo corrió. Pero mis zapatos no se besaron con los tuyos. Ni mi boca consiguió el efecto que conseguía antes. Ni escuché una palabra que saliera de ti para mí. Intentando aparentar normalidad de la forma más anormal posible.



En cuanto a la segunda parte, quiero dar las gracias a Imaginativa por darme este premio, ¡que es el primero que recibo!

Debo decir que el premio tengo que dárselo a aquellos blogs que me transmiten la magia que se esconden en sus palabras, y, aunque no lo vuelva a hacer porque sería un efecto espejo interminable, Imaginativa, date por premiada también por mí.

En cuanto a los premios, ahí van los míos:
-Trastornos Personalizados
-Esencia de Bolígrafo
-Causas del Silencio
Tendréis que escribir una entrada, y, si queréis, dedicar el premio a aquellos blogs que cumplan, para vosotros, lo que dice.

sábado, 3 de diciembre de 2011

¿Casualidad?

"Toda una noche sin dormir. Jugando a jugar con la luz del flexo. Jugando a que mis pupilas se agranden para verte mejor. Como el lobo a caperucita. Para ver si así adivino el color de tus ojos. Marrones, azules o grises. O negros o verdes. Y jugando a que la pared fabrique clones nuestros. Que la luz escupa sombras y nos dibuje más grandes y más juntos. Que te crea. Con nariz ancha o pequeña. Que improvise con el pelo y dibuje rizos o quizá no. Intento inventarte. Conmigo en mi cama sin saber cómo eres, en qué piensas o si existes. Te pongo boca pequeña, cuerpo grande y manos que encajen con mi cuello. Te pongo ropa y luego te la quito. Te veo moreno. De pelo y de piel. Con lunares en el cuello. Grandes, pequeños y escondidos. Pero miro a la pared y desapareces. No existes . Todavía no. Apago el flexo y sigue habiendo luz. La que se cuela por la persiana y me refleja en la pared. Como un espejo de reflejo oscuro. Con silueta y sin gesto. Y yo, sola, esperando a que la pared de mi habitación te dibuje realmente y, sí, a que existas y me abraces. Y me mires con pupilas grandes para verme mejor, como el lobo a caperucita."  
Escribía sin ser consciente de que mis palabras cobrarían vida. Te describía sin conocerte. Sin saber que eras tú el chico con el que soñaba. Sin saber que se cumpliría eso de la boca pequeña, el cuerpo grande, moreno de pelo y de piel. Pero lo que más me choca es la perfección con la que describí los lunares de tu entonces desconocido cuello. Grandes, pequeños y escondidos. Muchos, muchos lunares. Te visualicé sin saber que pocos días más tarde te conocería. Te querría. Y me vería obligada, un día como hoy, ciento un días después de besarte por primera vez, a olvidarte.   

101 desde aquel 24, A.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Quiero no querer quererte.

Me dolían los ojos de aguantar las lágrimas. Querían hacer un tapón para no salir, pero no consiguieron cerrar la salida. Lágrima tras otra que no acababa nunca. Una lágrima por recuerdo, otra por beso, por abrazo y otra por cada una de las ganas de volver a tenerte para mi. Pongo empeño en no mirar atrás. En no girar la cabeza para ver cómo te alejas dejándome sólo una cajita con todos los recuerdos que vivimos. Pero me doy cuenta de que delante de mis narices tengo un espejo retrovisor que no deja de mostrarme tu imagen. Tu huida. Nuestra historia y mi sonrisa. Y si me tumbo en medio de nuestra ciudad sólo escucho con la oreja pegada al suelo las risas y los besos que me regalabas justo allí. A pesar del gentío y del ruido del alrededor. A pesar de los esfuerzos por levantarme del suelo. Sigo pegada a la acera. Pegada al dolor y a la sensación agridulce de recordar. Más pegada a ti cada día. Y también me mezclo con la sensación de saber que algo te hace daño pero lo necesitas más que a nada. Que eres tú la primera que sabe que no debes. Que no tienes. Y que no deberías de querer. Pero también sabes que por mucho que pienses eso, lo vas a seguir necesitando. Vas a seguir llorando y vas a seguir recordando. Y también deseando que me devuelvas lo que un día fue mío. O bien mi bienestar y mi sonrisa antes de todo esto. O bien devuélveme a ti, que lo prefiero.

Concéntrate por última vez, y escucha mis latidos. Lentos. Muy lentos.

viernes, 25 de noviembre de 2011

NoNuncaNadie.

Creo que nadie podrá ver nunca lo que yo vi veo en ti. Nunca nadie va a saber apreciar cada una de tus miradas. Nadie va a estar dispuesto dispuesta a contar tus pestañeos y a darte la misma cantidad de besos, siempre mas uno. Nadie va a guardar cada recuerdo en una cajita. Nadie va a tener en cuenta el más mínimo detalle y nadie se va a enamorar tanto de tu sonrisa. Nadie te dirá nunca que no cambiaría nada de ti como lo hago yo. Ni siquiera las cicatrices. Ni siquiera tus manías. Nadie nunca superará las ganas de mis dedos por enredarse en ti y nadie va a grabar cada una de las palabras que salgan de tu boca. Ni habrá nadie que suspire tan de verdad con tus caricias prohibidas. Ni lenguas que se enamoren más de tu lengua que la mía. Nadie se conformará con verte únicamente para darte un abrazo. Un minuto. Un vistazo. No. Y tú también lo sabes. Que nadie tendrá el don que yo tengo de saber leer tus movimientos, tus gestos y tus manías. Que nadie te va a soñar tanto como lo hacen mi inconsciente y mi consciente. Que no. Que nadie te va a querer nunca como lo he hecho yo. Como lo hago yo, cada día +1.

No dejo de sentirte siempre pegado a mí.

jueves, 24 de noviembre de 2011

No sé cómo decirlo...

Veinticuatro. 24. Veinticuatro. VEINTE + CUATRO. Veinticuatro. Veinticuatro. Ocho por tres. 24. Veinticuatro. Twenty four. Veinticuatro. 24. 2 y 4. Veinticuatro.
Yo no digo "cada dos por tres"...yo sólo digo seis por cuatro.
Me persigue. Como el recuerdo. Como tus tonterías. Tu voz. Tu encanto. Me persigue las veinticuatro horas del día...