Ya no podía acordarme de la última vez que mis nervios por ver a alguien conseguían hacerme temblar. Se acostumbraron a él. Se centraron exclusivamente en verle a él. Pero después de todo un año de palabras y sentimientos estancados en barro, puedo mirar de frente sin que una lágrima me tape la visión emborronándolo todo. Parpadeé lo suficiente para que no quedaran restos, y así, sin darme cuenta, tú has aparecido después de doce meses escondido tras una amistad que, a su vez, escondía tus ganas.
Y me llevaste a aquel lugar pasando por las mismas calles, logrando que en lo último que se me ocurriera pensar fuera en él. Y me veía, aniñada, en tus ojos brillantes por el reflejo de las luces de la noche madrileña. Y con la misma luz con la que me mirabas, me regalaste sonrisas tímidas y me hacías pensar que la oscuridad que me había perseguido por su culpa, se había convertido en la claridad que me has ido ofreciendo todos estos muchos días.
Y me llevaste a aquel lugar pasando por las mismas calles, logrando que en lo último que se me ocurriera pensar fuera en él. Y me veía, aniñada, en tus ojos brillantes por el reflejo de las luces de la noche madrileña. Y con la misma luz con la que me mirabas, me regalaste sonrisas tímidas y me hacías pensar que la oscuridad que me había perseguido por su culpa, se había convertido en la claridad que me has ido ofreciendo todos estos muchos días.
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| Gracias por hacer que lo haya conseguido. |
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